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El silencio que abrazó a Luque: Así vivimos nuestra Procesión del Viernes Santo

El pasado viernes 3 de abril, nuestra ciudad se sumergió en una de las manifestaciones de fe más conmovedoras de los últimos tiempos. Tras participar de la Liturgia de la Pasión en nuestro Santuario Nuestra Señora del Rosario, los luqueños nos unimos en una Procesión en Silencio que transformó las calles del centro en un verdadero escenario de recogimiento y oración profunda.

Eran las 15:00 horas cuando iniciamos el recorrido. Lo que vivimos no fue una marcha común; fue una experiencia que nos caló hondo. Caminamos por los alrededores del templo bajo una «densidad antigua», ese silencio sagrado que solo se veía interrumpido por el roce de miles de pasos sobre el asfalto y el murmullo de oraciones susurradas que elevamos al cielo.

Una mística que nos unió a todos

Durante la media hora que duró el trayecto, sentimos cómo el tiempo parecía detenerse. Nos unimos como una sola familia para meditar sobre la soledad de Cristo y su entrega por amor. Vimos a nuestras familias, a los abuelos de nuestros barrios y a los jóvenes del Movimiento Eucarístico Juvenil (MEJ) caminando con la cabeza baja, en una actitud de búsqueda interior que hace mucho no percibíamos con tanta intensidad en nuestra comunidad.

Nos conmovió ver cómo el silencio se convirtió en nuestra voz colectiva. Mientras rodeábamos nuestro querido Santuario, recordamos el camino de Jesús hacia el Huerto de los Olivos. Rezamos el Padre Nuestro y el Ave María con una cadencia pausada, pidiendo especialmente por la salud de nuestros enfermos y por la paz en cada hogar luqueño.

Organización y fe en nuestras calles

Para que este momento de introspección fuera posible, destacamos la labor de los miembros de nuestra comunidad que, con chalecos reflectantes, guiaron a la multitud. Su trabajo permitió que, pese a la enorme cantidad de personas que nos volcamos a las calles, el orden y el clima de oración no se vieran interrumpidos.

Como bien nos recordó Monseñor Enrique Meyer durante las meditaciones, esta procesión fue un llamado a no traicionar a Cristo en nuestro diario vivir. Al terminar el recorrido, nos quedó la sensación de haber compartido algo sagrado: una declaración de valores y una muestra de que, en Luque, sabemos hacer una pausa para encontrarnos con Dios.

Esta Procesión en Silencio de 2026 quedará guardada en nuestra memoria como el momento en que, como pueblo, nos detuvimos para abrazar la cruz y renovar nuestra esperanza.

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